Y finalmente ocurrió algo que hablé en otra entrada… ayer
tuve mi primer día de clases del segundo cuatrimestre, y aunque la profesora de
sociología me pareció divertida, entretenida, jovial, muy bien preparada e
inteligente, me cayó mal un detalle... que exigiera un Facebook.
La profesora en realidad quería hacer una especie de
agrupación de direcciones en su Gmail, a las que les pudiera mandar un mensaje
simultaneo, y no haya que ir enviándolo una por una. Como nadie sabía hacerlo,
una chica sugirió que se hiciera un grupo en Factbook para la clase, ya que
TODOS TENEMOS FACEBOOK y es lo que suelen usar las cátedras como espacio común.
Volteé la cabeza a mí alrededor para comprobar el escaso número de alumnos, y
concluyendo que en ese pequeño grupo yo era la única sin Facebook, le dije a la
profesora que no poseo cuenta en dicha red social, y ella me dijo “Hacete uno;
porque si no te vas a quedar socialmente excluida de la clase” (esperaba otro tipo de solucion más creativa) obviamente que
lo dijo en broma, pero no deja de molestarme que una autoridad de carne y
hueso, me esté obligando a crear una cuenta en Facebook para no estar excluida
de las novedades de la cátedra.








